En este día:
100. El Pan de la Bendición
101. La Lengua Viperina y las Máscaras
100. El Pan de la Bendición
Dice Jesús:
¿Alguna vez a alguno de ustedes se les ha dañado un pan porque lleva mucho tiempo sin haber sido consumido? Así como cuando ustedes reciben una bendición y la desaprovechan. ¿Nunca se han puesto a pensar que no siempre van a tener las mejores disposiciones y situaciones para recibir bendiciones? Así como cuando el hombre ve que se acerca una mala temporada, de escases y dice: “Mejor guardo alimento, cobijo, reparo mi casa y guardo dinero porque se aproximan tiempos de tormenta”. Tormenta física, tormenta espiritual. Acuérdense que ya les dije en Mi Palabra que no se deben preocupar por techo, comida, ni abrigo ¿y el dinero qué es?, es el medio para conseguir estos, el resto no es indispensable, porque así como el Padre del Cielo alimenta las aves y viste las flores, que son menos que un hombre, ¿qué no hará por los hombres? Ay de aquel que esté pasando por una dificultad y diga: “Señor, yo siempre he sido bueno, por qué me castigas de esta manera”. Les aseguro que con esto ya demuestra su maldad, porque alguien Santo diría: “Señor, yo sé que he pecado y te he ofendido, perdóname, pero vuelve Tu Rostro y tu bondad a mí, no sin antes yo pedirte perdón por mis faltas. Muchas veces la escases puede ser reparación y debe ser aceptada con calma y amor, porque les aseguro que no le faltará al buen Padre que está en el Cielo, el proveerlos con lo necesario durante su periodo de prueba. Les aseguro que el Santo quedará justificado, pero el malo que no reconoce el mal que ha hecho y no acepta su justo castigo, no lo estará. Aquel dice: “Dios yo no merezco este castigo” aunque sus culpas sean abundantes como la arena, en su soberbia se cree perfecto y dice: “Dios, eres injusto”, siendo que Dios es justicia perfecta y misericordia, así que su castigo será castigo pero con misericordia. ¿Será que este pecador aprenderá a pedir perdón con arrepentimiento de sus faltas? Si no es capaz de decir: “Señor, ya no quiero hacer mal, estoy arrepentido”, que al menos diga: “Señor, perdón, no quiero este castigo” y que cambie de vida.
No siempre se tiene pan en la mesa y no siempre se estará en bendición si no se busca la bendición y se rechaza la poca que se tiene. Dicen: “Pero, ¡Señor!, queremos bendición”, pero no cambian de vida para merecerlo. Así como trabajan por el pan, trabajen para recibir la bendición. No dejen que de por sí, el pan de bendición que hayan recibido de Dios, se pudra en la mesa porque nadie quiere consumirlo. Luego dirán: “Tenemos hambre” y Yo les preguntaré ¿qué hicieron con el pan que estuvo servido durante bastante tiempo en la mesa?, ¿prefirieron comer del pan de sus pecados?, ¿prefirieron ser lujuriosos, mentirosos, avaros, hambrientos de pasión, borrachos, rápidos en ira y lentos en caridad?, ¿cuántas cosas, cuántas?. Danos hoy nuestro pan de cada día, el pan de la bendición y aprovechen ese pan para que se fortalezcan espiritualmente, para que cuando llegue la tormenta y la escases del pecado ustedes digan: “Estamos preparados y fortalecidos porque nos alimentamos con el pan del Cielo cuando hubo y ahora que no hay, estamos preparados”. Pan del Cielo que se pudre en sus manos, son las bendiciones desaprovechadas por el hombre.
Como se cultiva un árbol, así consuman el pan del Cielo. Y si comulgan, pues Soy el manjar más exquisito de Cielo y Tierra, el manjar Perfecto, Pan perfectísimo de Vida Eterna, háganlo limpios de corazón, no sea que por orgullo en vez de estar acumulando su propia salvación, estén acumulando su condenación eterna. Mis Sacerdotes están y a ellos tienen que acudir para limpiar sus corazones. Los amo y los bendigo, que Mi Luz penetre en sus corazones.
101. La Lengua Viperina y las Máscaras
Dice Jesús:
¿Alguna vez se han detenido a pensar cómo es la lengua de la serpiente? Una punta de la lengua apunta hacia un lado totalmente distinto del de la otra. Así es la mentira, dicen algo totalmente opuesto a la verdad o a lo que sienten. Por fuera flores y por dentro un aliento venenoso que muchas veces hasta ustedes mismos los envenena. Ira, envidia, lujuria, codicia, miedo, resentimiento, desamor, ansia de poder, celos, todo esto los hace ser unos por fuera, pero otros totalmente distintos por dentro. Les he dicho que sean mansos como palomas y astutos como serpientes, pero para hacer el bien, no para el mal. Que sus palabras sean sí, sí y no, no, pero no hablen para hacer mal o cosas contrarias a las que Yo les mando, preferible callen o háganse violencia a ustedes mismos para hacer el bien. Esto sí que se los sabré recompensar.
No sean como la persona que usa máscaras y se las quita con unas personas y se las coloca con otras. Que en la calle no sean mansos como corderos y en sus casas sean leones para con sus familias. Que en la calle no sean lujuriosos por sus palabras y dentro de la casa unos castos y puros. Que en la calle no sean mentirosos, estafadores, ladrones y dentro de sus hogares y con sus amigos sean personas de bien. Aquí ya hay mentira, sean lo uno o lo otro. Si sus conciencias les reclaman su modo de actuar, entonces cambien o si no, ¿por qué no se muestran tal cual son en la sociedad? No he venido a recriminar y a sacar en cara sus culpas, pero sí la tierra necesita ser arada antes de sembrar la semilla. No sea que no solo sean tierra sin arar, sino que sean piedra y espinos donde la semilla se sofoca y no puede nacer. Sean bien para ser bien, sean mal para ser mal, pero les recuerdo que a los tibios Yo los vomito. Muchos dirán: “!Señor, Señor¡”, pero solo entrarán en Mi Reino aquellos que me hayan escuchado.
Les vuelvo a repetir, no espero que sean árboles de una, porque el árbol no crece de la noche a la mañana y el árbol de Jonás se marchitó tan rápido como creció, pero sí espero que sean semilla, luego brote, luego planta y luego árbol. Acuérdense que la semilla de trigo que no murió, no dio fruto y en este caso, fruto eterno.
Que Mi Luz los acompañe y Mi Espíritu descienda sobre ustedes.
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