Mensaje 25/12/2014
1. Comienza una nueva etapa para mi Iglesia. Etapa en la que fortifico las murallas de mi Israel amado, etapa en la que doy coraza y estandarte a mis fieles sirvientes, no coraza ni escudo de guerra, sino coraza de victoria ante las batallas de la vida, cruces que los han hecho más fuertes y les han permitido unirse más a Mí y a Mi Amor Divino.
Esta nueva etapa, hijos, será una etapa de fortaleza donde cumpliré las promesas que he hecho a muchos y que han estado en espera, cumpliré las promesas porque soy el Dios Fiel que nunca abandona, el Dios poderoso que no le queda grande cualquier obra en sus fieles si es para la bendición, fortaleza, alegría, preparación de su alma. Heme aquí, soy el Dios que no abandona a su pueblo, que ha pasado por lugares oscuros, que ha sido acrisolado, que ha pasado pruebas, pero que sale luminoso porque lleva en él una santa bendición. Bendición que los une más a Mí, bendición que los une más a Mi Misterio Salvífico (de la Salvación).
De ahora en adelante hijos míos, verán grandes cambios en los Hijos de Dios, en las personas que son verdaderamente Mi Pueblo, personas que portan fuerte el estandarte de Cristo y que no han temido pasar por la prueba. Los que son tibios, aún tienen un gran camino por recorrer...
2. A Elías, mi amado Elías, le daré una fundación para que desde allí pueda hablar a muchas personas. Llevará palabras de Luz a la humanidad, humanidad adormilada que es más carne que Espíritu y que espera sedienta las palabras que la liberarán del adormilamiento en el que está. Él, mi siervo, portará Mis Palabras y Yo hablaré por él, trayendo luz y sabiduría a las almas. Cuando las almas lo escuchen, recibirán gracias y dones del Espíritu Santo proporcionadas como misericordias del Cielo para la humanidad, misericordias del Cielo dadas en estos tiempos de poca luz y mucho pecado, de falta de amor al prójimo y a Dios y excesos de amor hacia sí mismos. Cuánto daría por que el hombre ya fuera un ser más espiritual, siendo que grandes dones y gracias ya han sido dadas a la humanidad pero no les han sido suficientes. Entre más hablo, entre más Mi Madre da sus mensajes, mensajes angustiosos que imploran la conversión del hombre, de las almas a Dios, que implora que vuelvan sus ojos o si no llegado el momento puede que no estén preparadas y sea su condenación eterna, más se hacen ciegos y sordos a nuestras palabras y se aferran a sus pecados diciendo: Aquí no pasa nada.
Cuando los cielos y la tierra hablen, ya nadie podrá decir: No escuché, no vi, y aún así lo seguirán diciendo.
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