Mensaje 24/01/2015
Hijo, tómate un poco de tu tiempo para escribir. Para escuchar las palabras de este doliente que no es amado por la humanidad. Humanidad que corre tras todas sus responsabilidades, que busca descanso, placeres, pero que no busca de Dios. Deja todo lo que estás haciendo y dedica un momento a escuchar mis palabras.
¿Sabes cuánto los amo? Los amo con el amor que Dios Padre desde que me pensó, me puso en el corazón, amor que cobija a toda la humanidad. Abre los brazos para recibirme y dame un abrazo, porque este Hombre-Dios necesita del consuelo de aquellos que lo aman, por todas las heridas que recibo de la mayoría de la humanidad que me dice: "No necesito de un Dios, no tengo tiempo, no existes". ¡Oh, qué dolor me producen! Mi corazón ama mejor que el de cualquier persona, amo tanto y aún así soy rechazado, soy cambiado por cosas que no se comparan con Mi Amor. Ah del hombre que luego llora y se lamenta y no se da cuenta de que lo que persigue le causa dolor, mientras que benditos aquellos que en su dolor, logran descubrirme y refugiarse en Mí, alegran mi corazón porque el hijo pródigo vuelve, la oveja perdida vuelve al rebaño, el hijo de Mi Corazón me vuelve a amar.
Cuántos si me conocieran volverían a Mí, pero debe ser un conocimiento de fe, un conocimiento que nazca de un deseo sincero del corazón. Hay quienes dicen que si me conocieran cambiarían, pero quienes me conocieron en vida, la mayoría, no creyeron en Mí: el mismo Israel que me tuvo y me conoció, fue el que me crucificó, no se crean mejores que ellos. Acepten lo cambiante que es la voluntad humana y reconózcanse pecadores para que así la Gracia Divina obre en ustedes lo que por su humanidad, pecado, por su falta de conocimiento y sabiduría, Sabiduría que viene de Dios mismo, no son capaces de conocer, de entender y cambiar para verdaderamente conocerme, entenderme y acercarse a Mí.
Les dejo mi bendición desde el Cielo y desde todos los Sagrarios de la Tierra donde se encuentra mi Presencia Real, esperándolos en silencio.
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