Mensaje 18 08 2015
El tiempo no necesariamente es largo, es el suficiente. Quiero advertir a mis hijos sobre la prudencia. El buen cristiano debe poseer esta virtud que hace de su alma un mar silencioso que sólo muestra sus dones a quienes lo desea.
No necesariamente hablar ni vociferar por las calles que se me ama puede cambiar un alma. Sabio es quien sabe hablar cuando es la hora. Mis ungidos deben saber cuándo hablar y cuando callar. Cuando un alma está atenta a las palabras que se le dicen, es el mejor momento para sembrar la semilla. Imagínense un huerto que esté cerrado para ustedes, sin manera alguna de entrar. Traten de llegar adentro para sembrar la semilla, no pueden. Por más que discuten con el dueño y le dicen que la semilla que traen es mejor que cualquiera que posean, éste les dice que no les abrirá. Arrojar con fuerza la semilla no les servirá de a mucho porque caerá en la superficie y morirá. Sólo les queda esperar a que el dueño del huerto les de la entrada así sea por poco tiempo, para encargarse ustedes de sembrar la semilla en buenas condiciones.
Prediquen la fe, su amor a Mí, con sus actos. Cuando sus actos den cabida a las palabras o las personas acudan a ustedes buscando un consejo, es el mejor momento para hablar. No golpeen insistentemente una puerta que el dueño no quiere abrir, seguro que les terminarán echando de allí como a aquel que es inoportuno y quedarán como los malos, aunque sus propósitos sean buenos. Esperen la oportunidad para hablar y si no los quieren escuchar, hablen a lo sumo una o dos veces.